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Entrevistamos a Liberto L. de la Franca, Presidente del Real Instituto Alfonso XIII
         
Liberto López de la Franca

Entrevistamos a Liberto L. de la Franca, Presidente del Real Instituto Alfonso XIII

"Por el bien de la monarquía, hay que remover a todos los inútiles diplomáticos aduladores y políticos burócratas con nomina en Zarzuela"

Madrid  03.03.2013     08:00

 

Liberto Lopez de la Franca, probablemente conocido popularmente por su aparición en algunos programas de televisión, es historiador y uno de los mas reconocidos expertos sobre Alfonso XIII y su época. Conocedor minucioso del Protocolo Real en todos los ordenes, su labor al frente de la jefatura de la Casa Borbón Austria ha sido reconocido en todos los ámbitos de la nobleza y la realeza. En la actualidad es presidente del Real Instituto Alfonso XIII.

 

Ante la convulsa situación que está pasando la monarquía en nuestro país en estos momentos, hemos querido acercarnos a Liberto Lopez de la Franca para que como experto en la materia nos de su opinión sobre este y otros asuntos monárquicos

 

Cómo se definiría ideológicamente Liberto López de la Franca?
Mis ideas se basan en un espíritu liberal reformista y netamente justicialista. Hombre “excéntricamente” de centro. Me considero monárquico constitucionalista y hombre de espíritu libre.

 

¿Se proclama usted monárquico en los tiempos que corren tan adversos contra la monarquía?
Ser monárquico no se aprende ni se proclama. Se comprende y se siente. Por eso es convicción de fe. Es la fe popular de siglos en torno a una causa de esperanza que hoy falta en nuestra patria. Soy monárquico ahora más que nunca, por conciencia nacional, por procedencia popular, por convicción personal y apasionada fraternidad y gratitud a mi pueblo. Vivificado y actuante por el renacimiento de la libertad y la democracia de sus valores y la capacidad realizadora de conciliación nacional canalizada por Su Majestad el Rey Don Juan Carlos con ayuda inseparable de su pueblo.

 

Entiendo que es usted un convencido monárquico y defensor de la monarquía como sistema de estado.
La monarquía debe ser una institución, independiente, apolítica, neutral, transparente y honrada. Yo al igual que Salvador Dalí, soy declaradamente monárquico. No solo por “GRACIA DE DIOS” –como él genialmente confesaba- si no también por la lógica del pensamiento del hombre libre y luchador ante la historia. Como el ácido desoxirribonucleico que es el alfa de todo lo existente, pues desde la primera molécula que Dios creó, hasta la última, que está creándose, todo se trasmite monárquicamente y genéticamente a través del ácido desoxirribonucleico.
O sea que la monarquía no es una idea política, es la ética y sobre todo una metafísica. La cual está y estará muy por encima de cualquier política por muy limpia y justa que esta se autoproclame.

 

¿No cree usted que el sistema parlamentario monárquico actual sea en definitiva una república coronada?
No ni mucho menos. Nuestra monarquía nada tiene que ver ni con el último reinado que fue fraudulentamente e ilegítimamente suspendido con Don Alfonso XIII aquel 14 de abril de 1931. Ni con la monarquía que trató frenéticamente Don Juan III de restaurar en la entonces España de Franco desde 1941 hasta su renuncia a sus derechos dinásticos en 1977 en la España de su hijo. Nuestra actual monarquía inicialmente instaurada en 1975, siendo refrendada en 1978 y definitivamente consagrada en 1981, en servicio único y permanente al pueblo español. Antes de disertar sobre este confuso tema, convendría definir con honestidad que es monarquía y que es república. Nos llevaría mucho tiempo. La prueba incontestable es que todos los partidos políticos los más diversos y antagónicos caben dentro de una monarquía. Distinto es que ninguna monarquía o partidos pro monárquicos jamás caben dentro de ninguna república. La república siempre es sectaria, excluyente e inclemente hacia su adversaria. La monarquía siempre es integradora por su esencia, es tolerante y generosamente respetuosa con las ideas conceptos y partidos republicanos abrigándolas e incorporándolas en su propio sistema parlamentario.

 

Tras las adversas vicisitudes por las que está atravesando la Corona y muy especialmente el Rey Juan Carlos I ante sus errores y la imputación de su yerno. ¿Cree que debería abdicar a favor de su hijo el Príncipe Felipe para así no perjudicar ni a la Corona ni a su sucesor?
Soy totalmente contrario a la abdicación fácil de un rey sitiado. A no ser que éste quede incapacitado para el desempeño de sus funciones. No creo sea ni el momento para ello ni lo contemple Don Juan Carlos. Creo más lógico en una “abdicación progresiva y transicional” de sus funciones en el Príncipe heredero. A España estos golpes violentos de timón nunca le han favorecido a largo plazo. Respecto a los “errores reales” los contemplo de muy diversas formas. ¡Para mi Zarzuela es culpable! Es decir el staff de Zarzuela debe ser removido de inmediato al completo. La silla que dejó vacía el general Sabino en su traumática salida en 1993 le ha venido demasiado grande a todos sus sucesores en la jefatura de la Casa del Rey. Han sido error tras error hilados por quienes estaban llamados a la prudencia y lealtad. En 1931 precipitó la caída de Alfonso XIII el “error Berenger”, inmediato colaborador del monarca. Los actuales colaboradores del Rey Juan Carlos darán el golpe de gracia, si no de desgracia a la Corona. Una vez más los ciclos se repiten inaplazablemente en los errores de Almansa, Aza y ahora de Spottorno y sus serviles palaciegos de Zarzuela. Uno de los “errores” es el propio señor García Revenga. Yo creo que Don Juan Carlos se ha olvidado por entero de los sabios y hábiles consejos que dio Miguel Maura al eventual sucesor de Alfonso XIII que ciñera la corona en España. Aquel gran muñidor de la II República española dejó escrito en su libro “Porque cayó Alfonso XIII” que el futuro rey no cometiera errores capitales que dejaran herida de muerte a la futura monarquía que aguardaba a España. La abdicación del Rey sería una capitulación a corto plazo de nuestra monarquía parlamentaria frente a una república a la espera.

 

                  

 

Cree entonces que todos los hechos conocidos pueden hacer derribar al actual rey y hacer caer el sistema.
¡Mire el sistema monárquico no tiene errores, el error es el sistema en sí! Lógicamente nuestra Carta Magna está más que desfasada. La espada de Damocles debería haber estado sobre la Corona desde 1978 por bien de perdurar incólume fiel a sí misma la monarquía española. Pero optó más por blindar a la figura del rey haciéndolo intocable, que revestir la figura del monarca o a su sucesor como “Padre de la nación, Defensor de los Garantes de los españoles y primer ciudadano de la patria”. Yo soy más partidario de actuar por bien de la corona previniendo daños en una eficaz y solvente autocritica contra las equivocaciones dentro del ejercicio del poder tanto real como constitucional. Todos los “errores reales” deberían ser serenamente juzgados por el pueblo quien en su legitima soberanía juzgue absolverlo o deponerlo colocando en la más alta magistratura al candidato o sucesor más digno o idóneo entre los llamados a la sucesión. Con ello se evitaría hipotecar o liquidar justa y legalmente a la corona como modelo de estado.

 

¿Qué orden de prioridades ha de tener un monárquico ante una situación como la que la monarquía española está atravesando, sin ser desleal ni al rey ni a la corona?
Mi lealtad al Rey no es complaciente más bien diligente y leal a todas luces a su persona. Severamente crítica y a la vez protectora en justa medida, como ejercitaron honestamente el marqués de Mondéjar y el general Sabino. Más nunca tendría una aptitud cómplice de refugio y silenciar los errores reales, que ha sido el gran error adoptado por los cortesanos de Zarzuela. Yo pasaría de facto de la defensa al ataque. Por bien de la monarquía y de España, hay que remover a todos los inútiles diplomáticos aduladores y políticos fontaneros necios burócratas con nomina en el Palacio de la Zarzuela. Es hora de la vuelta en el staff de Casa Real de los militares humanistas que en espíritu autentico de servicio al pueblo y a España, hicieron posible que la monarquía se consolidara en el país. Mi conciencia me dice que por orden de prioridades tiene y debe de estar primero la institución que es la corona y secundariamente la figura del rey o de una reina. Por encima de ello siempre y principalmente está mi patria amada que es España. Soy monárquico, sin ser nunca, ni cortesano, ni adulador al trono, ni sostenedor por fuerza al rey en el trono a cualquier precio, aun a sabiendas de sus errores para con su nación.

 

¿Qué consideración tiene usted del Príncipe Felipe?
En pocas ocasiones he dado mi opinión sobre él a personas que lo han tratado más que yo. Curiosamente han quedado muy reflexivos al conocer mi opinión. Dos de ellos antagónicos como fueron mis amigos el general Sabino Fernández Campo y el escritor José Luis de Vilallonga.
El Príncipe Felipe cuenta según muchos con una buena preparación académica, militar y de estado. Pero desde su infancia fue impedido a tener un contacto real con la sociedad de ese tiempo. Fue escolarizado en colegios privados y como niño, prácticamente se movió en élites muy distintas a la total mayoría de los chicos de aquella época. He sido testigo en varias ocasiones de su timidez y de su frialdad. Yo tengo a veces la impresión de que es un heredero sin funciones “reales”. Verdaderamente no se hace gran cosa para sacarle partido al Príncipe. En sus viajes a las autonomías debería de establecer contactos más amplios que los habituales, blindados los mismos por la Casa Real, que siempre son los mismos: políticos de la comunidad, empresarios y periodistas locales. El Príncipe debería de enterarse por sí mismo de lo que piensan los sindicalistas, los intelectuales –a veces marginados y relegados por los políticos caciques de algunas capitales y municipios- los historiadores, los jóvenes que trabajan para las ONG, instituciones incluso desafectas a la corona. Si me apura usted un poco más, con las amas de casa y muy especialmente con los parados, los desahuciados y lacerados por esta crisis. Yo considero que hoy no es el tiempo para que Felipe de Borbón sea el espejo y reflejo de aquel libro llamado: “El manejo de los Príncipes”.

 

¿Qué juicio tiene respecto de la Princesa de Asturias Doña Leticia?
En primer lugar, en mi pobre y humilde entender hasta lo que yo sé, Leticia Ortiz es la esposa del Príncipe de Asturias, no Princesa de Asturias, por mucho Real Decreto otorgándole el título prestado a dedo y gracia real, de Su Alteza Real. Lo mismo que Doña Sofía en verdad es la esposa del Rey de España. A ambas por deferencia y trastocada deformación de “títulos regios” bendecidos por cortesanos que se le han otorgado títulos que no existen en el derecho histórico regio español. El Rey Juan Carlos fue proclamado en las Cortes solamente él como Rey de España. Y en un futuro el Príncipe Felipe será tan solo el titular de la corona, siendo él únicamente proclamado -de igual manera a su padre si llega el caso- Rey de España. Y quien jurará como Rey será Felipe y no Leticia. En segundo lugar considero un matrimonio morganático a todas luces el habido entre el Príncipe y su esposa. Justo decir que si el Príncipe aduce en su defensa que debe ser futuro rey por “derecho de sangre”, debe ser también fiel en ese “derecho dinástico” eligiendo como impone en su beneficio y privilegio las Leyes Históricas como esposa a cualquier joven entre las princesas existentes de sangre real en el mundo o panorama de la casi internacional monárquica. Leticia Ortiz tiene en verdad la misma vigencia que la esposa de cualquier presidente de gobierno o república. La diferencia es que a sus esposos les separa tan solo la imposición histórica-dinástica y la de elección-plebiscitaria democrática universal. ¡Por lógica esta situación morganática no existe diferencia alguna entre Carla Bruni y Leticia Ortiz! Respecto a mi opinión sobre la esposa de Don Felipe, a mi juicio ni vence ni convence. Asistimos con Leticia Ortiz al principio del fin de la dinastía actual. La descomposición hipotecada de la institución se incoa con los matrimonios morganáticos de las Infantas con Marichalar y Urdangarín y culminado con el de Felipe de Borbón y Grecia con Leticia Ortiz Rocasolano.

 

Si cayera la monarquía y adviniera una república en términos legales y democráticos por plebiscito popular en España. ¿Cuál sería su aptitud o sentimiento?
De total acatamiento al nuevo poder constituido traído o elegido libremente por el pueblo en su soberanía en un referéndum. Por encima de lenguas regionales, por encima de autonomías, por encima de hechos diferenciales, por encima de separatismos o nacionalismos, por encima de monarquías o repúblicas, por encima de constituciones y partidos, por encima de derechas o izquierdas… debe estar, tiene que estar España…Sí España. Mi amor a España no consiente, al contrario, estima grotesca la alabanza de un pueblo así mismo tanto como la propia alabanza individual. Mi patriotismo sigue otros derroteros; antes que español, es humano. Honestamente creo que, por el nacimiento, la naturaleza no circunscribe un mundo para el nacido sino que complementa, discierne a los soldados de la vida el lugar donde han de luchar heroicamente por ella. Yo deseo, quiero y ansío trabajar por la causa del espíritu de libertad, justicia y grandeza de España, porque en ella vine a nacer; si en otra parte me encontrase aun en el doloroso trance de un exilio como toco vivir a Alcalá Zamora, Azaña o Marañón, me esforzaría por esta humilde causa con igual fe y fervor sea España en un futuro monárquica o republicana. Porque en definitiva siempre nos quedará la patria eterna.

 




Jose Luis Márquez
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