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Memorias Humberto Janeiro: Primera entrega del Capitulo 1
         
Humberto Janeiro

Memorias Humberto Janeiro: Primera entrega del Capitulo 1

  De su nacimiento, infancia y boda con Mari Carmen Bazan

Madrid 01.03.2012   08:00

 

En el año 2004 la periodista Pepa Jimenez recibió el encargo de escribir las memorias de Humberto Janeiro en formato entrevista para su publicación en la revista Sorpresa.

 

Su publicación entonces fue un grn éxito de ventas para la citada revista dada la popularidad y actualidad de el patriarca de Ambiciones

 

Ante la falta de memoria de la que hace gala Humberto Janeiro anunciando la publicación ahora de sus memorias, vamos a publicar cada día fragmentos o entregas  de los siete capitulos que se publicaron entonces para que sirva de cotejo fiel  ante las próximas memorias que se publiquen.

 

CAPITULO 1º  Desde su nacimiento hasta la boda con Carmen Bazán (Extractos)

 

Probablemente nunca un padre de torero ha alcanzado igual popularidad, o quizá mas, que el propio matador. Humberto Janeiro, padre de Jesulín de Ubrique, ha logrado en poco tiempo algo tan impensable, hace unos pocos años, como ser más popular que su propio hijo, y todo debido a su relación con las mujeres, tanto con Carmen Bazán, la madre de sus hijos, como con las que el mismo define “sus buenas amigas”. Sus diarias apariciones ante los objetivos de las cámaras de los reporteros gráficos, así como su presencia en algunos programas de televisión han hecho que en la actualidad sea una de las personas más conocidas del país, y aunque su popularidad sea grande, tal vez también sea grande el desconocimiento que se tiene de su persona. Ese desconocimiento es el que ha llevado al propio Humberto a querer contarnos su vida, sus sentimientos, la lucha por sus hijos, los amores … que a partir de hoy vamos a ir relatando cada semana desde estas páginas para conocer así la verdadera historia del “Patriarca de la familia Janeiro”.

 

Nací en Ubrique el 1 de Noviembre de 1943, en la plaza de la Verdura, aunque esta plaza tenía otro nombre, plaza del General Mola, pero se le conocía tradicionalmente así porque había puestos en los que se vendía fruta y verdura. Mi madre se llamaba Francisca López Capote –curioso y caprichoso este segundo apellido- y mi padre Humberto Janeiro Rubiales. Probablemente nacer el día de Todos los Santos debió darme suerte al tener a todos los santos de cara, es como si todos fueran míos. Fuimos 5 hermanos, aunque el primero, una niña, murió siendo muy pequeñita.

 

Mi niñez la pasé jugando y estudiando en Ubrique, pero con nueve años un accidente truncó esa infancia feliz produciéndome una minusvalía para el resto de mi vida. Una travesura, subido a lo alto de una roca, hizo que cayera de ella y me diera un porrazo tremendo que me produjo interiormente un problema en la cadera con el desarrollo de un tumor no identificado. Durante año y medio no sabían que hacer con mi pierna y yo tenía unos dolores tremendos. Un cirujano de Jerez, D. Antonio Girón, fue el que detectó ese tumor y gracias a él no me cortaron la pierna por encima de la rodilla, que era lo que decía un médico de Cádiz. La solución pasó por hacerme unas punciones en el hueso e inyectar altas dosis de penicilina. A pesar de este tratamiento, después del mismo tuve que permanecer tres años escayolado, desde el pecho hasta los pies, sin poderme mover ni sentar, dormía encima de una tabla.

 

Dado que pasé esta parte de mi infancia postrado, sin poderme apenas mover, un profesor venía a casa a darme clases para no perder cursos en la escuela. A los doce años volví a ir al colegio. Iba con 2 muletas y no podía jugar como hacían el resto de niños, hasta que llegó un día en que pude tirar las muletas. Me quedé muy bien después de la rehabilitación pero… el desarrollo de la pierna ya se había quedado atrasado.
 

Con quince años, una vez acabé los estudios primarios, inicié mi vida en el mundo laboral. Entré a trabajar en la fábrica de un tío mío que hacía repujados de piel –una forma de decorar la piel en relieve-. Una vez aprendí el oficio me establecí por mi cuenta y puse un taller de policromado –que consiste en la grabación de la piel con dibujos de oro-. Este pequeño taller lo tuve hasta lo veinticinco años aproximadamente.

 

Por aquellos años fue cuando conocí a Mari Carmen. Debajo de mi casa en Ubrique había una tienda a la que yo iba con frecuencia; un día, al entrar, coincidió que Mari Carmen estaba allí y yo me fije en ella. Al irse le pregunte a la dependienta: Oye ¿quien es esa chica tan guapa? a lo que me contesto: Viene con frecuencia con otra mujer pero no es de aquí, es de El Bosque. ¿Qué pasa que te gusta? -pues claro, muchísimo- .Bueno pues cuando venga otra vez te la presento.

 

En el taller tenía trabajando a 8 o 9 chicas estupendas y me decían: ¿Cómo te has enamorado de una chica de El Bosque, con las mujeres tan guapas que hay en Ubrique?, para mí que estaban algo celosillas, pero yo estaba tan enamorado que contraté a Mari Carmen para que trabajara en mi taller y así estar mas tiempo juntos.

 

Un par de años después Mari Carmen se puso a trabajar en Telefónica, lo que la proporcionaba un sueldo fijo estable y estar en la Seguridad Social. Nuestra relación continuaba muy bien hasta que en 1970 me contrataron para trabajar en un laboratorio en Suiza que se dedicaba a la fabricación de hilo de nylon. Para entrar en esta empresa se presentaron 120 candidatos, 60 hombres y 60 mujeres, y yo fui el único seleccionado.

 

Al poco tiempo de estar yo trabajando en Suiza vino Mari Carmen acompañada de una prima suya para vivir juntas y que así no estuviera sola. Entonces nos respetábamos muchísimo y había que guardar las apariencias.

 

A mi vuelta a Ubrique compré unas máquinas para trabajar el metacrilato. Alquilé una vivienda en la que tenía el suficiente espacio para ubicar en ella mi taller. En él fabricábamos desde rótulos para luminosos de neón hasta tableros y fichas de ajedrez, fichas de dominó, unas diademas gafas para niños, incluso el famoso cubo de Rubick lo hacíamos en mi taller. En un momento dado llegué a tener hasta 500 personas que de alguna forma trabajaban para mí.

 

Por entonces Ana, la hermana mayor de Mari Carmen, quería que ella me dejara y se fuera de nuevo a Suiza con ella, que estaba viviendo y trabajando allí. Era como si no le gustara la relación que manteníamos Mari Carmen y yo. Vamos, que me la querían quitar, probablemente y según decían con la mejor intención pero yo no estaba por la labor de perderla, una mujer joven que se la lleven al extranjero y no esté contigo seguro que la pierdes. Pero, como he comentado al comienzo, tengo a los Santos de cara y ese fue uno de los momentos de mi vida en que los tuve de mi lado; Mari Carmen me dio una gran noticia que me produjo una enorme alegría: ¡¡Estaba embarazada!! Eso quería decir que íbamos a ser padres y por lo tanto que ya no se la llevaban a Suiza.

 

Poco despues nos casamos en Ubrique, por la Iglesia, el 4.11.1971, celebrando una ceremonia familiar en la que actuaron como padrinos mi hermana Isabel y su marido Antonio Puerto. Carmen iba guapísima, llevaba un traje largo precioso de color marrón, con pamela a juego, de lo más moderno que había entonces. Nos fuimos a Barcelona de luna de miel y allí estuvimos un par de semanas. A la vuelta yo continué en mi trabajo.

 




Redaccion ED Sociedad
 
 
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