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Mis aventuras con Los Payasos de la Tele (Capítulo 4): Viajamos a Venezuela al Canal 4 Venevisión amenazados de muerte por un productor del Canal 2
         
Con los Payasos en Estudios Roma (hoy Telecinco)

Mis aventuras con Los Payasos de la Tele (Capítulo 4): Viajamos a Venezuela al Canal 4 Venevisión amenazados de muerte por un productor del Canal 2


Jose Luis Márquez      Madrid (17.04.2022)

 

 

 

CAPITULO 4

 

Por mi parte debía organizar que estuviera todo lo necesario para las aventuras: vestuario, atrezo, actores secundarios, etc. Además teníamos que adaptarnos al ritmo de trabajo del canal, nada que ver con el de TVE en España. En Argentina se grababa un programa al día y se emitía otro en directo. Es decir dos programas diarios, no tan largos como el que hacían en España, pero que requería un ritmo de trabajo frenético.

 

Tengo que recordar algo de gran importancia que hasta el momento no he recogido. El contrato que habíamos firmado era en dólares y en Argentina la moneda de curso legal era el peso, que padecía de  una inflación brutal. Para tener una idea de lo que digo, cuando llegamos un dólar se cambiaba por unos 2.200 pesos, cuando volvimos a España te daban 8.500 pesos por un dólar.

 

Tras una semana de trabajo me reuní con uno de los responsables del canal para ver que iba a pasar con el resto de contenido del contrato. Respecto al disco me dijeron que no iban a sacarlo. ¿El motivo?, aunque no es oficial pero que yo deduje, por entonces triunfaba el grupo infantil Parchís y su representante en Argentina era uno de los productores del Canal de televisión en  el que estábamos, por lo que no quería que tuvieran competencia.

 

   Con Fofito en un asador criollo

 

Ante la negativa de lanzar el disco Canal 7, pedí que me lo liberaran del contrato, cosa que hicieron sin problema, y negocié su publicación con la discografía RCA, quienes se mostraron encantados y con los que logre negociar el pago de un anticipo a cuenta y un 18% en concepto de royalties sobre ventas. Cifra que entonces solo tenía entonces Julio Iglesias.

 

Había que celebrarlo y organicé una comida con los directivos de la discográfica y los Payasos en la que Miliki casi me chafa el acuerdo ya que, por error o despiste, le dijo al director general que estaba muy bien un 15% de royalties. Me quedé mirándole y le corregí diciendo que era el 18 y que el 15 era el porcentaje de otra cosa.

 

  Jose Luis Márquez en Buenos Aires

 

Respecto al merchandising no se pudo hacer nada y en relación a la película, como no se iba a rodar, también la saque del contrato y negocie por teléfono y fax con la productora española Filmayer rodarla a la vuelta en España. Por entonces esta productora iba a comenzar a rodar ‘La tía de Carlos’ de Paco Martínez Soria.

 

Antes de terminar los programas de televisión, comenzaron las galas en teatro que figuraban en contrato, teniendo lugar esta en el Estadio Obras Sanitarias de la Nación, en Buenos Aires.

 

 

Los meses que pasamos en la capital argentina transcurrieron con normalidad. Allí era otoño y el clima muy llevadero, en cierta medida bastante continental. Gaby me invitaba a comer con él y su familia con frecuencia, incluso me pidió que fuera con ellos a una cena en  la que los periodistas Liliana Cozzi y Julio Bonamino, dos argentinos afincados en España, les iban a hacer una reportaje.

 

Y tocó regresar a España tras concluir el periplo en Argentina. En otro interminable vuelo que despegó  de Ezeiza, volvimos con todos los bártulos y muchas ganas de estar ya en nuestras casas.

 

Fueron dos meses de intenso trabajo y también de beber nuevas experiencias que me han servido después con el paso de los años.

 

Pero poco duró la tranquilidad. Enseguida contactó conmigo Antonio Rodríguez, de Espectáculos Mundo de Málaga, porque quería contratar a los Payasos para que actuaran en el Parque de Atracciones Tívoli de Benalmádena.

 

De gran cordialidad Rodriguez, enseguida llegamos a un acuerdo y poco después aterrizábamos todos en el aeropuerto de la capital de la Costa del Sol para cumplir el compromiso.

 

Nos alojamos en el Hotel Tritón, de los pocos de 5 estrellas de la época, que además estaba en primera línea de playa y enseguida bajamos a disfrutar de sus jardines tropicales y piscinas, dando poco después buena cuenta del bufete que tenían para sus clientes.

 

 En el hotel Tritón de Benalmadena

 

Por la noche nos desplazamos hasta la Carihuela, en Torremolinos, para degustar unas ricas coquinas, chanquetes (entonces no estaba prohibida su pesca), ensalada de pimientos y pescados a la sal.

 

De regreso a Madrid  pensábamos que tendríamos unas semanas tranquilas pero la intuición me falló. Raul Villarino, el representanta argentino que nos había llevado hacía pocos meses a Buenos Aires volvía a ponerse en contacto conmigo para proponer un trabajo en Venezuela, en concreto para Venevisión, el Canal 4 de TV de Caracas.

 

Una contratación aparentemente sencilla, algo menos de un mes trabajando en el Canal caraqueño, cobrar y volver a España, pero no resulto tan fácil como parecía en un principio.

 

Unos días después de firmar el contrato recibía una llamada en mi casa, recordemos que en esa época no existían los teléfonos móviles, y a través del hilo telefónico  oía una voz con acento sudamericano que preguntaba por mi nombre. “Si dígame, soy yo” respondí oyendo cierto eco. El interlocutor me preguntó si era el representante de Gaby, Miliki, Fofito y Milikito y al confirmárselo me preguntó si iban a visitar Caracas para actuar en Venevisión. Le respondí que sí preguntándole que era lo que quería o necesitaba exactamente de mi. Su tono cambió y esgrimió una velada  amenaza “Tengan mucho cuidado, yo que ustedes no vendría”. 

 

Intentando mantener la calma le pregunte “Si esto es una amenaza le agradezco su aviso ya que tomaremos las medidas oportunas”. Su respuesta fue demoledora “Ustedes tomen las medidas que estimen pero recuerden que juegan en campo contrario”, colgando a continuación el teléfono.

 

Mi primera reacción fue llamar a Miliki: -“Hola Emilio, he recibido una llamada de Caracas muy extraña en la que nos amenazan si vamos a Venevisión…”  -“¿Cómo?” me preguntó enseguida Miliki. -“Pues que un individuo dice que tengamos cuidado si vamos a Caracas…” le transmití.

 

-“Pues anula el contrato, no vamos a Venezuela” contestó  Miliki a quien le pedí calma mientras hablaba con Raul Villarino para contarle lo sucedido.

 

Ante la dificultad de localizar al representante bonaerense decidí llamar a Venevisión y hablar con algún productor del mismo para contarle la amenaza. Tras unos minutos de espera pude explicar el problema  a un responsable quien me preguntó si sabia el nombre de la persona que había llamada. Casualmente lo sabía, ya que se habría presentado como Francisco C…….

 

Al decir su nombre al ejecutivo de la cadena oí su sonrisa a través de teléfono contestándome: -“No hagas ni caso, este personaje se dedica a amenazar a todos los artistas que traemos, no obstante os pondremos un equipo de seguridad a vuestra llegada”

 

Comenté la llamada con Miliki y la respuesta del canal le tranquilizó, por lo que a primeros de septiembre de 1981 nos embarcábamos todos en un Jumbo 747 con destino a Caracas, en esta ocasión viajando en Gran Clase excepto Gaby, que como viajaba con su mujer  e hijos  cambió su billete de Gran Clase por cinco de clase turista.

 

Nuestra llegada al aeropuerto de Caracas fue bastante llamativa y aparatosa. Tras pasar su aduana, bastante tercermundista por cierto, salíamos al hall de llegadas donde nos esperaban dos chóferes y seis tipos con cara de pocos amigos (los guardaespaldas), quienes enseguida nos flanquearon hasta que llegamos a los monovolumen  y todo terreno que habían llevado para recogernos.

 

El trayecto desde el aeropuerto hasta el hotel Tamanaco, de la cadena Intercontinntal,  donde íbamos a estar alojados, fue de película de 007. Encajados los dos monovolumen,  con nosotros dentro, entre un coche escolta delante, otro detrás y dos a cada uno de los lados, aquello se convirtió en una locura de circulación por la autopista.

 

Por fin, y sin percances, arribamos al hotel Tamanaco, un cinco estrellas en el que habitualmente se alojaban los famosos. En la recepción del establecimiento hotelero nos atendieron con diligencia aunque al ritmo caribeño que tiene en esa zona geográfica. Mientras tanto dos de los guardaespaldas se habían sentado en un sofá circular de color granate que había en el centro del lobby y uno de ellos había sacado su revolver con el que jugaba haciéndolo girar en el dedo índice de su  mano derecha al más puro estilo cowboy. Al ver esta escena puse el grito en el cielo. Desde la misma recepción del Tamanaco llamé al contacto en el canal y les pedí que nos retiraran la escolta, algo que le vino muy bien ya que según me dijeron llegaban Ryan O’Neal y su pareja entonces Farra Fawcett Major y les asignarían estos policías a las estrellas norteamericanas.

 

 

Ya ubicados cada uno en nuestras respectivas habitaciones, tras deshacer las maletas aprovechamos para disfrutar de la piscina y jardines del hotel.

 

Allí nos encontramos a la cantante española Mari Trini que tenía unas actuaciones en Caracas y con quien departimos durante nos minutos.

 

Tras unas horas chapoteando en la piscina y después de secarnos al sol, volvimos a nuestras habitaciones. No recuerdo exactamente por qué pero el caso es que tuve que ir a la habitación de Miliki. Al golpear la puerta para que me abriera oí que Emilio preguntaba “¿Quién llama?” algo que me extrañó pero le respondí que era yo.

 

Al pasar me di cuenta el motivo de esa pequeña medida de seguridad: Tenia la cama llena de billetes de dólares mojados colocados individualmente por encima de todo lo largo y ancho del colchón.

 

Al preguntarle que era aquello me respondió: “No me fio de dejar el dinero en la habitación así que me lo he bajado metido en el bañador y claro me he bañado con el encima…”

 

Mi carcajada debió de oírse en varios metros a la redonda. La gran desconfianza de Miliki para todo, quizá debida a la mucha experiencia vivida, no tenía parangón.

 

Al día siguiente fuimos ya al canal de televisión para comenzar las grabaciones y directos. Mientras los payasos se centraban en sus actuaciones y sketches en el plató yo tenía un misión muy clara y difícil: cobrar nuestros honorarios.

 

Para ello me dirigí al despacho del productor ejecutivo de quien colgaba el programa y tras casi una hora de espera me recibió con su meloso acento caribeño a la vez que me agradecía que al final hubiéramos aceptado su invitación.

 

Tras el habitual cruce de comentarios protocolarios fui directo a lo que me  interesaba: cobrar. La respuesta del productor fue algo así como -“No te preocupes hermano que en unos días te preparamos la plata”.

 

   Caracas vista desde Venevisión

 

No me quedé muy tranquilo y tomé en ese momento la decisión de volver al día siguiente para recordárselo.

 

De nuevo me presenté en la oficina del responsable de producción y la respuesta fue la misma por lo que ya me puse como primera misión de cada día ir a intentar cobrar porque veía que terminábamos el contrato y nos volvíamos a España sin haber recibido nuestros honorarios.

 

Tal fue mi pressing que cuando faltaban pocos días para finalizar el contrato la secretaria del productor me entregaba un cheque en dólares contraun Banco radicado en Islas Caimán. Al verlo exclamé "¡Y ahora que hago yo con  esto...!"




 
 
Tapers
 
 


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