Lunes, 1 de Marzo de 2021
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Entrevistas
Tamara Falcó:
         
Conde Nast

Tamara Falcó: "Hace cinco años desayunaba filetes empanados. En esa época engordé 20 kilos”.

"Mi mayor virtud, según mi madre, es mi personalidad, Aunque no ha sido fácil. A veces esa naturalidad ha sido una cruz."

José Luis Márquez    Tendencias / Medios CondeNast     Madrid (16.02.2021)

 

 
Muchas cosas han cambiado en la vida de Tamara Falcó desde que, poco antes de cumplir 30 años, protagonizase con una gran melena y un look rompedor su anterior portada en Vanity Fair España en 2012. 
 
Hoy, la nueva Marquesa de Griñón ocupa la portada de la revista citada anteriormente del mes de marzo en una nueva etapa de su vida y subida a la cresta de una ola que no tiene visos de atenuarse. 
 
Pero la hija más espontánea de Isabel Preysler también conoció el reverso oscuro de la fama, especialmente a finales de 2016,  cuando atravesaba un momento de inestabilidad emocional. Ella misma resumió su estado de ansiedad de una manera gráfica: “En esa época desayunaba filetes empanados”. 
 
Ganó 20 kilos y su nuevo aspecto —“No me reconozco cuando me miro al espejo”, declaró— fue retuiteado de manera incesante. “Lo pasé muy mal. Entonces, muchos contratos que tenía firmados se cayeron. Algunas marcas me dijeron que mi físico no era el que requerían para sus productos. Me penalizaron. Mi hermano, [el cantante] Enrique [Iglesias] no lo comprendía: “Tamara, ¡no te pueden dejar sin trabajo por haber engordado!”. Yo, en parte, entendía que habían contratado una imagen y ya no era la misma, pero tengo dudas sobre si eso era ético”. 

Su trabajo en televisión y la importancia del dinero
Acaba de conseguir un millón de seguidores en Instagram y en cada una de sus aparicioones en El Hormiguero (Antena 3), la ven una media de tres millones de espectadores, según los últimos datos de enero. 
 
El punto de inflexión en su carrera fue su participación en 2019 en el programa Masterchef Celebrity (TVE), en el que se proclamó vencedora. “Si no hubiera sido conocida, no me habrían llamado para aquello, y tampoco estaría haciendo esta entrevista ahora”, ríe.
 
—¿Cuál es su mayor virtud?
—Según mi madre, mi personalidad. Estoy de acuerdo. Aunque no ha sido fácil. A veces esa naturalidad ha sido una cruz.
 
—¿Recuerda cuando trabajó por primera vez?
—Sí, un verano que regresé de estudiar en Estados Unidos y me pasé todo el día de fiesta. Mi padre me mandó a Layos (Toledo) a trabajar de monitora en un campamento de niños. ¡Me pagaban 20.000 pelas al mes! No pude dormir del calor que hacía. ¡Me asaba! Me encantó la experiencia. Mucho mejor que andar perdiendo el tiempo de forma poco sana.
 
—No para de sumar proyectos. Será muy rica…
—Muy rica no. No me puedo quejar porque me va bien, pero rica son otras palabras.
 
—¿Qué no haría ni por un cheque en blanco?
—Muchas cosas. He rechazado campañas con muchos ceros porque no lo tenía claro o no sentía que fuese coherente con mi trayectoria.
 
 

Sobre proyectos, los fans y los haters 
“Los Javis me contaron que, en parte, se habían basado en mi historia de la conversión para La llamada. Siempre me dicen lo mucho que me quieren. Tuve una reunión de trabajo con ellos hace poco. Por ahora no me han ofrecido nada, pero sería un lujo”. También tiene sus haters. “Algunos hay, pero me siento muy protegida por mis fans. Son maravillosas. Se han hecho amigas entre ellas. El otro día salió un troll en Instagram que se llamaba Odio a Tamara Falcó y se organizaron: ‘¡Chicas, han vuelto!’. Se pusieron manos a la obra. Me mandan unos vídeos, unas cartas... Les digo que no deberían tener ídolos”.
 
—A lo largo de estos meses, ¿ha habido alguna ocasión en la que se le fueran los pies del suelo?
—No, y si lo hiciera supongo que mi familia y amigos me lo dirían. De todos modos, teniendo a mi hermano Enrique, que es lo más llano del mundo, a mami... Lo que yo he conseguido está por debajo de su ejemplo.

Sobre su padre, el Marqués de Griñón 
El aristócrata dejó escrito en sus últimas voluntades que deseaba que fuera Tamara quien lo sucediera en el marquesado de Griñón, la distinción por la que era conocido en sociedad. “Fue una sorpresa para todos. En esas estamos. A ver si consigo hacerlo la mitad de bien que él. Él es mi referente”, musita mientras se le empañan los ojos. Intenta reprimir sus sentimientos en público. “Los dramas no son elegantes”.
 
—¿Cómo ha digerido la muerte de su padre?
—Fue un shock. Ha sido todo muy surrealista. Estas pasadas Navidades han sido muy duras. Él estaba planeando ir a una boda de una prima. Había 8.000 personas invitadas y le dije: “¿Pero cómo vas a ir?” No pudo asistir. Lo ingresaron a los días. Formaba parte de esa generación que no se queja por nada.

Sobre Íñigo Onieva, el amor y la maternidad
—¿Cómo ha gestionado su novio el interés mediático?
—Con normalidad. Este acoso dura un tiempo y se lo ha tomado fenomenal, porque no es fácil.
 
—¿Qué es lo que más le gusta de él?
—Está lleno de vida y es una persona superpositiva. Y eso a mí me encanta. Es muy dinámico. Me fascina estar con él.
 
—¿Fue amor a primera vista? 
—No, fue poco a poco. Nos conocimos en el cumpleaños de mi amiga Mylu [Luisa Bergel, hija del financiero Jaime Bergel], en la época pre-Covid. Él dio el primer paso y la verdad que me encantó que lo hiciera.
 
—¿Cree que Íñigo será un buen marqués
—¿Por qué no? A mí me cuesta pensar que soy la marquesa, siempre tiendo a compararme con mi padre. 
 
Sobre política y la monarquía
Cuando siendo un adolescente el actual rey emérito regresó a España para empezar sus estudios castrenses, los abuelos de Tamara, Manuel Falcó e Hilda Fernández de Córdova, le ofrecieron su palacete del paseo de la Castellana para que se instalara allí.
 
—No hay duda de que usted es monárquica.
—Sí. Una vez le pregunté a mi padre: “Papi, ¿tú morirías por el rey? ¡Me dijo que sí!”.
 
—Y usted, ¿sería capaz de morir por el rey?
—No hay nada más bonito que ofrecer la vida por alguien. Me gustaría pensar que sí, pero nunca me he visto en la tesitura. 
 
—La política, la monarquía, la pandemia... ¿Cómo ve el panorama actual?
—Los políticos de ahora, exceptuando a los de Madrid y muy en concreto a nuestro alcalde, no están tan preparados como los de antes. Tenían otra fuerza, era vocacional, no era el poder por el poder y querían hacer algo por nuestro país.
 
—Como experta en moda, no me quiero ir sin preguntarle qué le parece el tan cacareado moño del vicepresidente Pablo Iglesias.
—La moda es una forma de expresión. El moño no me molesta. Hay otros temas más prioritarios, como de dónde saca los fondos para financiar su partido. 
 
La entrevista al completo se puede leer en el número de Vanity Fair de marzo, a la venta el miércoles 17 de febrero.
 



Cesión derechos de texto e imágenes: Alberto Pereira Ediciones Conde Nast
 
 
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