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Raquel Perera se sincera en Vanity Fair sobre su divorcio de Alejando Sanz
         
Imagen cedida por Vanity Fair

Raquel Perera se sincera en Vanity Fair sobre su divorcio de Alejando Sanz

“Nunca he querido que Alejandro me regale nada, lo único que me importaba era que se reconociera mi trabajo junto a él y que cuidara de los niños"

Redacción  Medios   Madrid (18.12.2020)

 

Tras llegar a un acuerdo mutuo de divorcio con Alejandro Sanz, Raquel Perera desvela en el número de Vanity Fair España que ha salido este viernes 18 de diciembre a la venta, detalles sobre su vida y la historia de amor que mantuvo con el cantante. La española se despide del 2020 desde su nueva casa en Madrid, recordando su pasado en Miami, y dando la bienvenida a todos los retos, aventuras y proyectos que le depare el nuevo año.
 
 
“Nunca he querido que Alejandro me regale nada, lo único que me importaba era que se reconociera mi trabajo junto a él y que cuidara de los niños, lo demás es secundario. Han sido momentos duros, en los que sientes que todo se tambalea, pero también he aprendido mucho de mí misma”. 
 
Raquel Perera, la que fuera pareja de Alejandro Sanz durante más de 14 años, habla con Vanity Fair sobre su divorcio y la relación que mantuvo el cantante desde su nueva casa en La Finca. Esta exclusiva urbanización de Madrid es el lugar escogido por Perera para empezar su nueva vida lejos de los focos junto a sus hijos Dylan y Alma. Raquel comienza recordando su infancia, la cual sirvió para inspirar una de las grandes canciones de amor de Alejandro. “De pequeña me convencí a mí misma de que venía del planeta Marte y me habían hecho humana para cumplir una misión en la Tierra, pero que algún día volvería allí. Luego Alejandro me escribió Mi marciana, para mí, una de las canciones de amor más bonitas que se han compuesto” cuenta.  
 
Perera asegura que de joven era un persona muy inquieta, lo que la llevó a estudiar psicología, una carrera que iba compaginando con trabajos de azafata “en eventos de bebidas alcohólicas, me gustaba mucho y se me daba muy bien. Me contrataron como coordinadora de azafatas y luego en una agencia de comunicación que llevaba el patrocinio de Telefónica para la Fórmula 1 en todo el mundo. Fueron dos años muy buenos, lo pasé en grande”.  
 
Años más tarde, esta profesión la llevaría a trabajar con Marlango, el grupo de Leonor Walting. En 2003 se fue de gira con ellos y ahí conoció a Rosa Lagarrigue, que trabajaba con Alejandro y le ofreció un puesto en su equipo. “No tenía ni idea del mundo de la música, me metí de cabeza. Me encantan los retos. Estuve un año trabajando con el resto de los artistas hasta que un día Rosa me pidió que me encargara de Alejandro”. En 2005 tuvo su primer encuentro con él. “Fui a conocerlo en persona durante un pregón que ofreció en los carnavales de Cádiz. Nos vimos cinco minutos, pero desde el principio nos caímos bien. ‘¿Y tú qué?’, me soltó. ‘Pues nada, aquí’, le solté yo”. El cantante estaba en un momento muy delicado: su padre acababa de fallecer y la separación de Jaydy Michel, su primera esposa, estaba reciente. Sin embargo, la conexión entre ambos fue instantánea cuando trabajaron juntos en el lanzamiento del disco El tren de los momentos, en Miami. “Alejandro no es mucho de compartir lo que le pasa, pero a mí siempre me buscaba para hablar”, cuenta Raquel, que confiesa que su padre le vaticinó el desenlace: “Se va a enamorar de ti”.  
 
 
 
Raquel siempre tuvo mucho éxito con los chicos. “Siempre me fue bien, me hacían mucho caso. A veces eso fue un problema en la adolescencia, porque algunas amigas no me invitaban a las fiestas para que no me los ligara”, cuenta, aunque asegura que ella nunca se sintió una chica guapa. Perera desvela en la entrevista el momento en el que se enamoró de Alejandro. Fue en 2007, cuando el cantante tuvo que realizar un parón y suspender su gira americana por “prescripción médica”. “Es un tipazo con una personalidad arrolladora y un talento increíble. Cuando vi con qué valentía paró y empezó a ordenar su estrés y su ansiedad, me enamoré de él” revela.  
 
—¿No le dio vértigo iniciar una relación con el famoso autor de Corazón partío?
 
—No me lo planteé. A ver, sabía dónde me metía porque lo había visto. Conocía los apetitos desordenados de los artistas, esos camerinos llenos de mujeres con deseos incontrolables. 
Con el tiempo, Raquel empezó a sentir miedos e inseguridades. “Hasta el momento yo siempre había hecho lo que había querido con los chicos. Pero esta vez, como bien me dijo mi padre, él me había elegido a mí, no yo a él. Pensaba: ‘A este tío le tengo que gustar todos los días. Mira los cañonazos que se le regalan’ confiesa. 
 
A pesar de estas inseguridades, la pareja se consolidó y tuvieron dos hijos. En 2011, durante el bautizo de su primogénito Dylan en Madrid, se casaron por sorpresa. “Nadie lo sabía. Me pareció divertido y mágico” recuerda. Para ella, la unidad familiar era y es muy importante. “Creo firmemente en la familia y vengo de una muy unida. Es lo que Alejandro y yo hemos intentado hacer con nuestros hijos y sus hijos mayores. Defenderé nuestra familia hasta el final de mis días”, asegura Raquel, que también habla sobre su relación con la primera esposa del cantante. “Guardo un trato cercano con Jaydy [Michel]. No solo por ser la madre de Manuela, sino porque me cae bien y merece mi afecto”.
 
Raquel y Alejandro se asentaron en Miami y juntos vivieron experiencias maravillosas. “Recuerdo un amanecer en el Ártico. Y cuando salíamos en barco con nuestra pandilla de la época, Shakira y Antonio [de la Rúa], Colate y Paulina [Rubio], Eva Longoria, Kim Kardashian, Jennifer Lopez y Marc Anthony. Pasábamos de hacer fiestas de etiqueta a estar todos en pijama jugando a juegos de mesa o contándonos historias increíbles, siempre con una guitarra cerca”, rememora.
 
 
“En casa organizábamos cenas sin parar. La mayoría muy interesantes y divertidas, pero siempre había alguna que se centraba en un interés y un objetivo predeterminados. Eso lo llevaba mal, porque yo vengo de un mundo en el que la gente si está contigo es porque le caes bien, y no por interés, por el yoísmo, ese ‘yo’, ‘yo’ y después ‘yo’. Tanto era así que en las primeras veladas puse una cesta con yoyos (risas). Cuando se marchaban, les decía: ‘Toma, un regalo de la casa’. Y ellos: ‘Qué divertido’. Luego estaban los de ‘TÚ, Alejan- dro’; ‘Es que TÚ”: Para esos hice una cesta de tutús pequeñitos (más risas). Era mi pequeño acto de rebeldía”.
 
Uno de los puntos de inflexión de su relación llegó cuando Sanz le pidió que se involucrara en su negocio. “Montamos un equipo de profesionales y comencé a llevar esa parte de nuestra vida en común. No siempre era fácil mezclar amor y trabajo”. 
 
—¿Cuándo empezó a sentir que la relación se estaba acabando?
 
—Pues hay un momento maduro de intentar comprender y aceptar. Y luego hay otro de romper la vajilla entera de la casa. Yo sabía que Alejandro sentía la necesidad de comerse la vida a mordiscos... Le dije: “Vive lo tengas que vivir”. Lo único que le pedí encarecidamente era que nos protegiera a mí y a los niños. Cuando una relación está basada no solo en un amor verdadero sino en la realidad, vas aprendiendo muchas cosas... Puedo entender (que no justificar) que cualquier persona cometa un error de formas, una noche, un “sin querer”... Cada pareja determina los límites de su relación, pero yo particularmente no permitiría que se establezcan vínculos sentimentales ni emocionales con otra mujer que no sea yo. Me gusta ser la única deseada por mi pareja. 
 
—¿Llegaron a un acuerdo verbal? 
 
—Lo importante es que al final hemos conseguido una solución pactada. Tengo claro que mi amor por Alejandro se ha acabado, pero el vínculo permanece.
 
Raquel y Alejandro llegaron hace poco a un acuerdo mutuo y amistoso de divorcio. Actualmente el cantante sale con Rachel Valdés, de 30 años. Ahora Perera afronta su nueva vida con ilusión y nuevos proyectos, entre ellos una plataforma de psicología online. Últimamente la prensa la ha relacionado con Santi Carbones, un conocido empresario de la noche madrileña y gaditana con el que la han vinculado últimamente. “Es un amigo de hace años, y coincidimos en Cádiz este verano. La verdad es que le agradezco lo cariñoso que fue esos días, porque yo estaba un poco bajita. Se propuso sacarme la sonrisa y lo consiguió. No estoy buscando novio, pero me apetece “marchita”. Tengo curiosidad por todo lo que me queda por vivir”. Y concluye: “Ahora tengo ganas de elegir yo antes de que me elijan a mí”. 
 
 



Artículo y fotografías cedidos para su publicación por Alberto Pereira (Ediciones Conde Nast)
 
 
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